viernes, 5 de abril de 2013

URUGUAY (y uruguayos)



Que pasara esto del micrófono abierto viene hasta bien. Cada tanto hay que recordar ciertas cosas, y los micrófonos abiertos, los teléfonos mal colgados, los celulares que desencadenan una llamada involuntaria, ejercen de disparador de una transparencia que la mayor parte del tiempo le falta a la sociedad humana. Es como que te lean el pensamiento.

Lo que dijo Pepe es el tipo de cosas que todos decimos hasta de los parientes cercanos; de las madres, de las suegras. De los hermanos. Pero son cosas que se dicen o de frente, o en relatos a terceros sin que esté el interesado delante: NUNCA PÚBLICAMENTE. Públicamente conlleva ofensa con pocas probabilidades de vuelta atrás. O sea, si Pepe se disculpara ahora, una de las dos cosas habrá sido mentira: o lo que le dijo al intendente con el micrófono abierto, o su disculpa. Sería la técnica del agromussolinista Buzzi: insulto fuerte, y "disculpas" a posteriori. Pero el insulto, la herida, ya quedó. Aclaro que lo de Pepe no entra en la categoría de insulto; es, simplemente, que dejó ver una cierta fatalidad en las relaciones entre nuestros países, nuestros gobiernos. Puso en duda lo avanzado. Mostró mañas. Y en la "justificación" o lo que quiera que fuera de hoy, vuelve a confesar de una manera tan flagrante que me impresiona que nadie lo haya notado. El titular que da Pepe es:

"NADA NI NADIE PODRÁ SEPARARNOS"

Y después, como si fuera la letra chica de un contrato, lo confiesa todo:

"Si bien LA HISTORIA NOS SEPARÓ, nada ni nadie puede descuajar nuestra historia", dijo y añadió que Uruguay nació "en la misma placenta de los pueblos argentinos; pertenecemos a la vieja administración del Rio de la Plata, sueño primero de la lucha por los Estados de la independencia. LA HISTORIA NOS FUE SEPARANDO, y tiene la realidad de lo vigente."

Y ahí en ese párrafo, subyace la verdad. Nada ni nadie podrá separarnos porque la historia ya nos separó.

La historia, esa vieja (perdón) culpable de todo. Que dice que estamos separados y “tiene la realidad de lo vigente”.

En realidad, a mí lo que me parece es que desde siempre, del otro lado del río hemos sido excelente negocio como enemigo. Me parece que es algo inscrito en la cultura de aquel lado, como pasa en todas las sociedades. Las sociedades han sido inoculadas desde su cultura con una serie de valores, categorías y planes, entre ellos, quién es el enemigo (y sobre quién se cuentan chistes). En España los malos son los franceses, los portugueses ni existen, se cuentan chistes sobre los de Lepe, un pueblo del sur de España. En Alemania, se habla mal de los franceses, se cuentan chistes sobre los Ostfriesen, los frisones orientales, provenientes de una región del noroeste de Alemania, junto a Holanda. Los ingleses tienen como enemigos a los franceses (!), y se cuentan chistes sobre los irlandeses. Acá hablamos mal de los chilenos, y contamos chistes de gallegos. (Que conste que los chistes son prácticamente los mismos, con cambio de la región del protagonista).

No sé sobre quien cuentan chistes los uruguayos. Pero lo usual es hablar mal de los argentinos. Y es algo que difícilmente cambie.

Porque casi podría decirse que la Banda Oriental nace “contra nosotros”. Es que no puede ser de otra manera: si no fuéramos sus “enemigos”, no habría Banda Oriental, o, la misma sería una provincia más, tal vez la más importante. Quizás en eso resida la disputa. La imposibilidad –por ambos puertos- de aceptar un segundo plano en las Provincias Unidas. Dos puertos que quieren ser la puerta al mundo de esta geografías. Y de ahí en más, por parte suya, el construir su cultura casi como un reproche a la nuestra. Unos valores arcaicos –no por antiguos, sino de la Arcadia, esa patria de campesinos ideales- que nosotros, “una manga de ladrones desde el primero hasta el último”, nos empeñamos en desmerecer.


Y que, bien mirados, los suyos son los valores de nuestra oligarquía. Caballerosidad, tradición. Fair play. “La tierra”. Y ahí podría entenderse la mutua comodidad, el que sean el refugio de nuestra oligarquía. Y de sus dineros, estos a veces , producto de saqueos, de expolios, de crímenes. O simplemente, para evadir las obligaciones fiscales que por las leyes fiscales de este país les corresponde aportar.

Ojo: no son “los uruguayos”. Son los portavoces de una cultura, que repite generación tras generación unos clichés y que, ni siquiera en este caso, en el que parecía haber una afinidad que iba más allá de los protocolario, pudo superarse ese destino fatal de la herida que se abre como lo hace el estuario que nos va separando más y más hasta llegar a Punta del Este.

Bueno, habrá que empezar a remarla de nuevo. Evidentemente, en ese fallido de lo dicho por Pepe delante de un micrófono fallidamente abierto, “habló el inconsciente” de una cultura. “La historia nos fue separando, la historia nos separó”, dijo. Habrá que reflexionar, y mucho, porque sino se pierde mucho tiempo en simulaciones. Ver en dónde, de verdad, podemos cerrar la herida.

Ahora, arieldelgadamente, no hay más informaciones para este boletín….


RH

2 comentarios:

  1. Buenisimo. A cerrar la herida descolonizando a los uruguayos, y a los nuestros, porque todavía quedan muchos resabios de la ideología de los grupos dominantes incluso entre los dominados. No alcanzamos la gloria de consolidar una unión continental sólida todavía; no durmamos en los laureles, y pongamos sobre la mesa las diferencias para ponernos a laburar en serio...

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  2. A cualquiera puede escapársele un exabrupto. Si bien es cierto que los personajes de alta investidura deberían ser más cuidadosos habida cuenta de la alta exposición de cualquiera de sus dichos ó movimientos. Pero cualquiera de nosotros, refiriéndonos a alguien de nuestra confianza inclusive a quienes nos unan lazos afectivos sinceros, puede adjetivar que es un/una "hincha pelotas" ó un/una "jeringa" sin que nuestro aprecio y cariño disminuyan un ápice. Todos nos dirigimos a gente conocida con apelativos como "gordo/a", "pelado", "chicato" y otros eufemismos por el estilo. Y nadie se ofende ni se paspa.
    Lo que realmente me molestó es que algunos medios del palo oficialista sacaran a relucir la anécdota del Pepe como si les hubieran escupido el asado. Si tenemos en cuenta que una eventual enemistad ó encono entre jefes de gobierno sudamericanos sería capitalizado como una victoria por el conservadurismo antipatria, ésto sería más que suficiente para dejar de jorobar con una nimiedad semejante.

    Saludos

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