miércoles, 28 de abril de 2010

Desde su conversión, mi suegra, prendida fuego

Esta tarde fue mi mujer a buscar a su madre a la San Carlos de Caballito.

Ese es el punto de encuentro con las "chicas", sus compañeras de yoga.

Media de edad: 80 años (ella es la piba, sólo 78).

Antes de irse:

"Me voy corriendo porque no me quiero perder 6-7-8. Chicas, tienen que ver ese programa, está muy bien ver las cosas desde otro punto de vista."

Murmullo entre las interlocutoras, hasta que alguna se atrevió:

"Sí, yo también lo veo de vez en cuando"

En ese pequeño universo de octogenarias de Caballito también se gesta un cambio.

Y entonces, uno se da cuenta que eso que uno escuchó mil veces, pero pocas veces lo vio, se está cumpliendo:

Se puede mentir a algunos todo el tiempo.

Se puede mentir a todos un tiempo.

Pero no se puede mentir a todos todo el tiempo.

1 comentario:

  1. Ahora hay que convencerlas de que vayan a votar porque están excentas. Toda una tarea.

    ResponderEliminar